Mucha parte de mi trabajo en el taller está dedicado al encuentro de un punto de equilibrio: entre el diseño y el azar, entre la materia prima y la escultura. Los objetos que construyo se parecen a demasiadas cosas y a ninguna al mismo tiempo. Estoy muy atenta a no definir, a no dejarlos descansar demasiado, que no sean mucho ALGO. Es una labor sobre la distancia con la referencia. Muy cerca les daría una entidad de figuración, muy lejos los convertiría en materia. De esta manera investigo las ideas de semejanza y reconocimiento.

¿Estos objetos, pueden generar sus propios territorios, sus propias alianzas y desapegos? ¿Tienen la capacidad de construir una casa futura, una sociedad, una familia?

Para explorar profundamente estos objetos, en el proceso de investigación necesito que aparezcan las narraciones, historias, eventos de los cuales forman parte. La literatura de ciencia ficción y toda su aparatología, la poesía y el sonido se plantean como referencias. Pero también la historia del arte, los dibujos de las primeras máquinas y los primeros inventores y su excitación ante la innovación artefactual. El juego de coordenadas entre la verosimilitud y la ficción me permite sumergirme en la posibilidad de descubrir el universo utópico de estos objetos, inventarles su propia arqueología, su propio contexto geográfico e histórico.

Investigaciones con la materia, dibujos, bocetos son parte del proceso de búsqueda formal de las piezas. En este último tiempo elegí para trabajar la pasta de papel y el papel mache, por su cualidad moldeable, y su capacidad de potenciar visual y táctilmente la cercana lejanía que busco.

Estos objetos mantienen de alguna manera, una relación con lo extraño. Como si fueran síntesis de algo propio y algo ajeno, algo humano y algo alienígena. Creo que ellos pueden sugerir que nuestra capacidad de reconocimiento es más débil de lo que suponemos. Esperar una cosa y obtener otra. Inventar un objeto en el cual lo familiar se torne ligeramente extranjero; una pérdida de las coordenadas que estructuran el entendimiento del entorno que no tiene necesariamente que ver con la deformación, pero si con una desviación que se abre a un camino tangente de significados.

Creo mucho en el proceso, me defino a partir de esa idea. Una investigación y una tensión. Una lucha de ese sujeto, el artista, para ubicar las metas fuera de la obra, lejos de los resultados. El proceso como el lugar que se busca para estar, un espacio ficcional, preparado para ser habitado en condiciones ideales. Ahí, acomodada e incomodada a la vez, lo único que importa es hacer lo que se hace y no mucho más, como si pudiese pensarse en puro presente.

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